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"1:er concurso de relatos de domotica" |
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| RECLUIDO Una agradable melodía le despertó como todos los días. Lentamente entreabrió los ojos y divisó, embriagado de confusión, como aquella nueva mañana se iba asomando paulatinamente por la pequeña ventana de su reducido habitáculo de paredes grisáceas, según le abría paso automáticamente, como un párpado, la persiana metálica. Se incorporó con gran dificultad, aún desorientado y adormecido, sobre la cama huérfana, e instintivamente se estiró con el afán de desentumecerse. Una intensa e inesperada punzada de dolor le recorrió el cuerpo, acelerando la recuperación de toda su consciencia, al tiempo que se estremecía. Espabilado por completo, comenzó, con temor, a examinarse presurosamente tronco y extremidades, y a buscar en su cabeza recuerdos del día anterior; algún indicio que pudiera explicar esa extraña sensación, ese dolor apagado que se había acentuado en el esfuerzo. No encontró ninguna evidencia en su cuerpo, ni siquiera una pequeña marca. No recordaba nada particularmente especial. En realidad, no recordaba nada. Tan monótona se presentaba la rutina diaria como para que no quedara nada registrado en su cabeza, se preguntó extrañado. Qué era entonces aquel malestar que le inundaba. Con todo el cuidado que le permitió la ansiedad acumulada, se levantó y se dirigió pesadamente a la esquina en la que se situaban compactos el lavabo y el wáter, mientras escuchaba cómo la cama se volvía a introducir en una de las paredes, liberando su espacio. Al
acercarse al espejo que coronaba el lavabo, palpó la creciente
cobardía que le mantenía la cabeza baja, el desasosiego
que le producía enfrentarse a su reflejo y descubrir algo desconocido,
algo desagradable. Tras permanecer intensos instantes apoyado en el lavabo
reuniendo valor, tuvo que ser la curiosidad quien empujara su cara hasta
el espejo. Allí estaba su rostro habitual, mezcla de desconcierto
y temor. Mientras veía cómo sus facciones recuperaban algo
de normalidad, reintentó la localización de algún
recuerdo del día anterior, sin éxito. De lo que ya no tenía
dudas era de que un leve dolor generalizado, ya algo mitigado por el movimiento,
parecía envolver su organismo por completo. Miró a su alrededor
y se encontró con su vivienda, aquélla que conocía
a la perfección desde hacía tiempo, pero, sin embargo, Cuanto
más tiempo observaba a través de la ventana, más
irreal empezó a parecerle lo que allí contemplaba. La sensación
era sospechosamente similar a la que había notado con la vivienda.
Parecía un día normal afuera, pero algo le incomodaba. Aquella
realidad no parecía de verdad. Un sonido muy parecido al de una
campanilla le alejó de aquellos extraños pensamientos, avisándole
de que su desayuno estaba ya listo. No tenía ninguna argumentación
sólida que apoyase toda esa inquietud que sentía, así
que pensó que debía huir de esa locura. Quizás con
el desayuno me serene, se dijo, y se dirigió a la mesa que ocupaba
ahora el espacio de la cama. Allí Se dirigió al armario para ponerse algo más de ropa y contempló por unos instantes, al pasar, la pantalla que adornaba una de las paredes. De hecho, era el único adorno de que disponía. Mostraba hoy un rocambolesco cuadro de Picasso. Sonrió por primera vez ese día. Aquel cuadro parecía empeñado en volver a sumirle en sus desvaríos. Se vistió y se sentó enfrente de la computadora para iniciar sus quehaceres. Tenía mucho que hacer y su jefe estaba decidido a recordárselo continuamente. De momento, la conexión a la red fallaba, por lo que tuvo que comenzar a realizar su trabajo localmente. Así que se sumergió en otro rutinario y monótono día laboral, aunque esta vez le ayudaría a esquivar aquella inquietud, aquel desasosiego, aquel malestar. Algo que no podría evitar revivir cuando descubriera que todo ese trabajo habría desaparecido, se habría "borrado". Desde el exterior, unos entes inteligentes le observaban constantemente. Ya habían analizado su organismo hacía unas horas, implantándole sensores, y ahora deseaban estudiar su comportamiento. Habían diseñado un entorno a su medida para no influir en ninguno de sus actos habituales y tras estudiar previamente al individuo, no creían que fuera a intentar salir al exterior. Y si pretendía hacerlo, no sería difícil borrar ese recuerdo de su simple cerebro. Sería devuelto a su hogar en poco tiempo, sin que fuera consciente de haber estado a bordo de aquella fabulosa nave en algún punto del Sistema Solar. La finalidad del estudio sólo la conocían ellos. FIN |
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